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Por qué sube el dólar, la búsqueda del ancla perdida y el dilema de Mauricio Macri

3 May 2018

Nuevamente el dólar es noticia en Argentina por la fuerza con la que está subiendo, a pesar de los enormes esfuerzos del BCRA por mantenerlo a raya. Este ascenso meteórico viene explicado, de modo estilizado, por dos factores. Por un lado están los de índole externa asociados a la tasa de interés de los Estados Unidos. Por otro lado, tenemos los efectos de origen doméstico asociados a los tremendos desatinos provenientes desde la Jefatura de Gabinete.

Federico Sturzenegger, Marcos Peña, Nicolás Dujovne y Luis Caputo (Foto: Adrián Escándar)

 

En el plano internacional, la suba de la tasa de interés del bono de 10 años de los Estados Unidos, donde la misma ha escalado a niveles en torno al 3 por ciento, se ha convertido en un fuerte atrayente de capitales internacionales que ha llevado a que el conjunto de monedas mundiales se deprecie respecto al dólar. De todos modos, a la luz de esta oleada de devaluaciones, vale la pena aclarar que nadie espera una epidemia inflacionaria en el mundo ni mayores alteraciones en la economía.

 

Sin embargo, la cuestión en Argentina es muy diferente. La suba de la tasa en Estados Unidos, dado el nivel de rojo fiscal que implica tener que buscar en el mercado internacional todos los años unos USD 35.000 millones, podría derivar en un cierre del crédito para el país a la luz del fly to quality.

Bajo esta situación se abren dos posibilidades. Por un lado, tenemos el caso en el que el Gobierno acelere el ritmo del supuesto ajuste fiscal (donde lo que se mejora en el resultado primario es más que compensado por la suba de intereses y los efectos de las Lebac calzadas contra deuda externa) ajustándose a los niveles de financiamiento disponibles.

 

Por otro lado, que frente a la negación de la Jefatura de Gabinete respecto a tocar los privilegios de la corporación política se avance sobre el BCRA(llegando a remover a la cúpula del mismo si fuera necesario) para monetizar el desequilibrio fiscal aunque ello implique una sustancial aceleración de la inflación castigando a los segmentos más vulnerables de la sociedad y la tasa de crecimiento. Ante esta situación, y dado que la corporación política nunca pierde, todo indica que sin lugar a dudas, el segundo escenario es muchísimo más probable que el primero. Así, como resultado de ello, la demanda por activos domésticos se desploma al tiempo que se dispara el precio en pesos de la moneda extranjera.

Si bien todos estos factores externos ya de por sí son motivos de inquietud, los factores de índole doméstica son aun mucho más fuertes. Concretamente, el avance de la Jefatura de Gabinete sobre la independencia del BCRA el 28 de diciembre de 2017 dinamitó la reputación del órgano de control monetario y con ello golpeó sobre una demanda de dinero que ya venía dando muestras claras de saturación. Es más, pese a que desde la tercera o cuarta semana de diciembre hasta la tercera de febrero la demanda de dinero doméstico se fortaleció haciendo que se desacelerase la inflación y cayera el precio del dólar, la avanzada de la Jefatura de Gabinete sobre el BCRA golpeó tan duro sobre la demanda de dinero que los resultados fueron totalmente opuestos a lo que sucede en dicha parte del año.

 

En este contexto, la caída en la demanda de dinero (y el consecuente exceso de oferta de dinero) conlleva una pérdida en el poder adquisitivo del dinero, esto es, todos los precios expresados en unidades monetarias comienzan a subir. De hecho, el promedio móvil de tres meses anualizado del IPC pasó del 18,5% al 27,8 por ciento.

 

La respuesta del BCRA

 

Dado que el BCRA ha optado por una política de metas de inflación basada en el control de la tasa de interés, la cantidad de dinero queda determinada de modo endógeno por la demanda del público. En este sentido, dado que para poder determinar el nivel de precios es necesario determinar la cantidad de dinero, el esquema presenta un problema de ausencia de ancla nominal. Es por ello que en dicho esquema las expectativas son clave, tal  que, dado el nivel de precios presentes y la expectativa de inflación, sea posible determinar un nivel de precio esperado que, junto a la tasa regulada por el BCRA, permita determinar la cantidad de dinero y así anclar nominalmente el modelo.

 

Bajo esta situación, el avance de la Jefatura de Gabinete dinamitando la reputación del BCRA volatilizó las expectativas, por lo que el nivel de precios y la cantidad de dinero quedaron a la deriva. Es por ello que, frente a semejante situación y con caída en la demanda de dinero, el BCRA salió a intervenir en el mercado de divisas, de modo tal que dichas operaciones pongan un límite al precio del dólar y con ello tomar prestada un ancla hasta que la demanda de dinero se normalice. De hecho, el mecanismo trabaja como un mecanismo de absorción de pesos sobrantes en el que la oferta de dinero se ajusta en línea con la caída de reservas. En este sentido, la búsqueda del ancla perdida ya le ha costado al BCRA una pérdida de USD 7.000 millones al mismo tiempo que el precio del dólar subió cerca de un 20 por ciento.

 

La necesidad de un estadista

 

En definitiva, la ostentación de poder por parte de la Jefatura de Gabinete el 28 de diciembre de 2017 ha implicado una fuerte aceleración inflacionaria, un salto abrupto del precio del dólar, lo que a su vez ha impactado sobre los precios de los bienes de primera necesidad, por lo que debería estar aumentando tanto la indigencia como la pobreza. Es más: dadas estas distorsiones en el sistema de precios no debería descartarse un impacto negativo en materia de actividad, a la cual, si se le detrae el arrastre estadístico, implicará que de cada tres personas que ingresen al mercado laboral solo una pueda conseguir trabajo. Esto es, si no caen los salarios reales aumentará la tasa de desempleo.

 

Por lo tanto, el presidente Mauricio Macri se encuentra frente a un dilema de hierro. Por un lado tiene la opción de seguir sostenido a una Jefatura de Gabinete cuyas decisiones en el plano de la economía aseguran el camino a una nueva crisis. Por otra parte, puede optar por hacer un giro de 180 grados en la política económica, aunque ya no queda claro que los tiempos del mercado financiero internacional estén alineados con los tiempos que requiere una nueva estrategia que sea consistente. En definitiva, todo deja en claro que nuevamente los inmundos keynesianos y su siempre fatal gradualismo no solo han desperdiciado una oportunidad de oro, sino que de nuevo nos dejan a las puertas de una nueva crisis.

 

Fuente: Infobae - Opinión: Javier Milei

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